lunes, 24 de diciembre de 2007
domingo, 23 de diciembre de 2007
La agonía de una identidad.

Por Ruben Guirland
El paso del tiempo es un acelerador de la extinción de muchas culturas primitivas a nivel global.
En América latina esta aceleración de la extinción, o al menos “mutación” o absorción de las costumbres de los pueblos originarios tiene un denominador; una causa-efecto común: el hombre blanco “civilizado”.
El blanco, mimetizado y conformado por los que dicen llamarse criollos, mestizos o gringos, pero “civilizados, cultos, instruidos”…todos empujando el mismo carro con la preciada y soñada carga: el poder.
Educar, culturizar, civilizar, evangelizar al rebelde, hereje despojándole de su hábitat y sus costumbres; todas sus riquezas espirituales y terrenales.
Todos “los blancos”, los de adentro y afuera, obedecen y buscan las mismas leyes del hombre “civilizado”, son motivados por el instinto animal de trepar lo más alto posible en la escala del poder y dominación.
Para el aborigen toda contaminación con la civilización resulta nefasta. Siempre
Desde que Colón descubrió América, con la cruz en una mano y la espada en la otra sometió a los dueños del lugar (del continente) en esclavos.
Fue el comienzo del apocalipsis para el nativo.
El héroe Cristóbal Colon que en su último viaje fue preso por la corona por robo, murió desgraciado después de trasportar las riquezas de América para la corona de la “madre patria”.
Fue solo el comienzo.
Después del robo, la explotación y no conforme con eso el robo de su identidad.
Dioses diferentes, nuevos, que despreciaban a los dioses de los herejes. Al dios sol. A la diosa luna.
Para conseguir alimentos, saludo o fertilidad los ruegos había que cambiar los ruegos a otros dioses….
Cambiar todos.
Y perder todo.
Todos los que existen sobre la tierra… y dentro de ella..
Los ríos y arroyos para saciar la sed y el hambre.
El monte con sus amínales y frutos les fueron quitados. Y con ellos la misma supervivencia.
La Azaña del visionario ladrón Cristóbal Colón, figura en los textos de todos los establecimientos educacionales, pero en ninguna se recuerda el genocidio de los indios nativos del Valle Calchaquí de Tucumán. Indios aguerridos que lucharon por sus tierras contra la dominación española.
Superado por las armas del enemigo fueron vencido, desterrados y deportados en 1665.
2000 indios salieron del Valle de Calchaquíes, realizando una travesía ( a pie por un año y medio) de más de 1000 Km hasta llegar a la ribera del Rio de la plata donde fueron confinados
Y exterminados.En la actualidad comunidades étnicas y guardianes de identidades milenarias sufren las mismas suertes. O mejor dicho: DESGRACIA.
El paso del tiempo es un acelerador de la extinción de muchas culturas primitivas a nivel global.
En América latina esta aceleración de la extinción, o al menos “mutación” o absorción de las costumbres de los pueblos originarios tiene un denominador; una causa-efecto común: el hombre blanco “civilizado”.
El blanco, mimetizado y conformado por los que dicen llamarse criollos, mestizos o gringos, pero “civilizados, cultos, instruidos”…todos empujando el mismo carro con la preciada y soñada carga: el poder.
Educar, culturizar, civilizar, evangelizar al rebelde, hereje despojándole de su hábitat y sus costumbres; todas sus riquezas espirituales y terrenales.
Todos “los blancos”, los de adentro y afuera, obedecen y buscan las mismas leyes del hombre “civilizado”, son motivados por el instinto animal de trepar lo más alto posible en la escala del poder y dominación.
Para el aborigen toda contaminación con la civilización resulta nefasta. Siempre
Desde que Colón descubrió América, con la cruz en una mano y la espada en la otra sometió a los dueños del lugar (del continente) en esclavos.
Fue el comienzo del apocalipsis para el nativo.
El héroe Cristóbal Colon que en su último viaje fue preso por la corona por robo, murió desgraciado después de trasportar las riquezas de América para la corona de la “madre patria”.
Fue solo el comienzo.
Después del robo, la explotación y no conforme con eso el robo de su identidad.
Dioses diferentes, nuevos, que despreciaban a los dioses de los herejes. Al dios sol. A la diosa luna.
Para conseguir alimentos, saludo o fertilidad los ruegos había que cambiar los ruegos a otros dioses….
Cambiar todos.
Y perder todo.
Todos los que existen sobre la tierra… y dentro de ella..
Los ríos y arroyos para saciar la sed y el hambre.
El monte con sus amínales y frutos les fueron quitados. Y con ellos la misma supervivencia.
La Azaña del visionario ladrón Cristóbal Colón, figura en los textos de todos los establecimientos educacionales, pero en ninguna se recuerda el genocidio de los indios nativos del Valle Calchaquí de Tucumán. Indios aguerridos que lucharon por sus tierras contra la dominación española.
Superado por las armas del enemigo fueron vencido, desterrados y deportados en 1665.
2000 indios salieron del Valle de Calchaquíes, realizando una travesía ( a pie por un año y medio) de más de 1000 Km hasta llegar a la ribera del Rio de la plata donde fueron confinados
Y exterminados.En la actualidad comunidades étnicas y guardianes de identidades milenarias sufren las mismas suertes. O mejor dicho: DESGRACIA.
sábado, 15 de diciembre de 2007
Cristobal
Crónica de Cristóbal (o el gallo canta hasta morir, aunque no ponga huevo).
Por Rubén Guirland
Al alba cantó el” batarás”. Como de costumbre; ese es su oficio. Pero últimamente, en su celo de anunciar la llegada del nuevo día, se ha vuelto muy madrugador, posicionándose en el umbral de la impertinencia y la tolerancia
Sucede apenas se retiran las estrellas del firmamento y entonces queda solo el lucero, rebelde y titilante colgado del cielo.
Lucero mañanero; testigo mudo y cómplice para comunicar al gallo que ha llegado el momento de realizar los torpes aleteos, estirar el cogote y pegar el grito
Ritual místico y mítico, cultura milenaria que figura hasta en la biblia. “Antes que el gallo cante 3 veces”.
Pero para Cristóbal, el paso del tiempo ha forjado otras realidades.
La frase “no de tanto madrugar se ve antes el sol” es ahora una profecía
Cristóbal ostenta un plumaje color tierra rojiza, líder del harén de siete gallinas.
Cristóbal, fue bautizado con ese seudónimo por ser un entusiasta ladrón, descubridor y adelantado, como simple gallo conoce su linaje.
Y su limitaciones
En su momento fue ungido, fue el elegido de entre los pollos a ocupar el trono. Los otros fueron a parar muy pronto en la cadena trófica de la alimentación..
Si no ponen huevos al sacrificio; las gallinas en cambio, están a salvo mientras pongan huevos.
Pero ellas tampoco pueden cantar victoria por haber nacido gallinas.
Cuando dejan de poner huevos, corren igual suerte.
En el mundo gallináceo la situación es ingrata. Hasta el liderazgo es efímero. El gallo paladín del grupo cantará para mostrar su jefatura a los otros pollos próximos a gallos que crecen con intenciones de ocupar el trono. Es más, en este harén competitivo e ingrato el reinado es frágil. Cuando las gallinas se deciden a poner menos huevos, la culpa cae como una espada sobre el gallo. “Que no esta cumpliendo a cabal” su función de fertilizar a las gallinas.
Mundo egoísta, que además los avances de la ciencia ponen en mano del hombre herramientas nefastas para lograr que las gallinas pongan huevos sin necesidad del gallo.
Un chiquotazo al orgullo gallo.
Ingratitud de los avances científicos, que minimiza la misión del gallo y lo deja fuera del goce terrenal, de procrear y traer al mundo pollitos. La ley de la naturaleza truncada.
La ciencia da atajos, la herejía también visita el gallinero.
Ya nadie reconoce el sacrificio del gallo cuando todos los días tiene que correr a todas las gallinas para cumplir su misión. El sacrificio de algunas reyertas con otros gallos joven con intención de destronar. De cacarear solidario cada vez que una gallina pone un huevo.
Globalización, maldición china, que ha llenado al mundo de despertadores en relojes, radios, celulares.
Sacrílego de la ciencia que destrona al gallo madrugador, guardián que por antaño custodia la llegada de un nuevo día.
Cristóbal, sabe que la suerte es efímera y mezquina. Los días soleados son contados, el destino cada vez más lo acorrala. La espada de Damocles busca por igual al gallo reproductor, de riña o cantor. Sin privilegio, por ser macho y no poner huevo. Se viene la noche, la ley no escrita del gallinero
Pero Cristóbal, el gallo batarás, emulando al tenaz descubridor Cristóbal Colon seguirá desafiante, correteando a las gallinas y cantando cada nuevo día. Porque el gallo canta hasta morir, aunque nunca ponga huevo.
Por Rubén Guirland
Al alba cantó el” batarás”. Como de costumbre; ese es su oficio. Pero últimamente, en su celo de anunciar la llegada del nuevo día, se ha vuelto muy madrugador, posicionándose en el umbral de la impertinencia y la tolerancia
Sucede apenas se retiran las estrellas del firmamento y entonces queda solo el lucero, rebelde y titilante colgado del cielo.
Lucero mañanero; testigo mudo y cómplice para comunicar al gallo que ha llegado el momento de realizar los torpes aleteos, estirar el cogote y pegar el grito
Ritual místico y mítico, cultura milenaria que figura hasta en la biblia. “Antes que el gallo cante 3 veces”.
Pero para Cristóbal, el paso del tiempo ha forjado otras realidades.
La frase “no de tanto madrugar se ve antes el sol” es ahora una profecía
Cristóbal ostenta un plumaje color tierra rojiza, líder del harén de siete gallinas.
Cristóbal, fue bautizado con ese seudónimo por ser un entusiasta ladrón, descubridor y adelantado, como simple gallo conoce su linaje.
Y su limitaciones
En su momento fue ungido, fue el elegido de entre los pollos a ocupar el trono. Los otros fueron a parar muy pronto en la cadena trófica de la alimentación..
Si no ponen huevos al sacrificio; las gallinas en cambio, están a salvo mientras pongan huevos.
Pero ellas tampoco pueden cantar victoria por haber nacido gallinas.
Cuando dejan de poner huevos, corren igual suerte.
En el mundo gallináceo la situación es ingrata. Hasta el liderazgo es efímero. El gallo paladín del grupo cantará para mostrar su jefatura a los otros pollos próximos a gallos que crecen con intenciones de ocupar el trono. Es más, en este harén competitivo e ingrato el reinado es frágil. Cuando las gallinas se deciden a poner menos huevos, la culpa cae como una espada sobre el gallo. “Que no esta cumpliendo a cabal” su función de fertilizar a las gallinas.
Mundo egoísta, que además los avances de la ciencia ponen en mano del hombre herramientas nefastas para lograr que las gallinas pongan huevos sin necesidad del gallo.
Un chiquotazo al orgullo gallo.
Ingratitud de los avances científicos, que minimiza la misión del gallo y lo deja fuera del goce terrenal, de procrear y traer al mundo pollitos. La ley de la naturaleza truncada.
La ciencia da atajos, la herejía también visita el gallinero.
Ya nadie reconoce el sacrificio del gallo cuando todos los días tiene que correr a todas las gallinas para cumplir su misión. El sacrificio de algunas reyertas con otros gallos joven con intención de destronar. De cacarear solidario cada vez que una gallina pone un huevo.
Globalización, maldición china, que ha llenado al mundo de despertadores en relojes, radios, celulares.
Sacrílego de la ciencia que destrona al gallo madrugador, guardián que por antaño custodia la llegada de un nuevo día.
Cristóbal, sabe que la suerte es efímera y mezquina. Los días soleados son contados, el destino cada vez más lo acorrala. La espada de Damocles busca por igual al gallo reproductor, de riña o cantor. Sin privilegio, por ser macho y no poner huevo. Se viene la noche, la ley no escrita del gallinero
Pero Cristóbal, el gallo batarás, emulando al tenaz descubridor Cristóbal Colon seguirá desafiante, correteando a las gallinas y cantando cada nuevo día. Porque el gallo canta hasta morir, aunque nunca ponga huevo.
lunes, 10 de diciembre de 2007
Primavera..
El amor, único protagonista.
Por Rubén Guirland
Me vestí apurado. Quería llegar temprano al picnic que organizamos los compañeros del 2º curso. Para eso elegimos la casa del gordo Quiñones.
Una casa quinta, de amplio patio y arbolado que está un costado de la ciudad.
Yo era una pieza fundamental en la fiesta, debía llevar el “ranser”, mi tocadiscos portátil que funciona con 4 pilas.
Llegué a eso de las 3 y media. El día hacia gala del inicio de la estación. Nos iluminaba un sol radiante.
Primaveral, que apuraba a nuestras inocencias de juventud a experimentar nuevos sentimientos.
Más de media docena de compañeros ya estaban esperando mi llegada, para estrenar algunos simples.
Otilio Orué llega orgulloso con su long play del “trio galleta”, el surdo Centurión trajo un doble de Piero.
Una compañera consiguió uno de Juan Y Juan, otra trajo de Tormenta y yo llevé los iracundos (infaltable) , trocha angosta, rabito y otros.
A esta altura y en la emoción ya mi corazón aleteaba como una paloma asustada, en el vano intento de escapar de su jaula.
Mi angustia tenía un motivo: El amor
Cupido ha decidido que ha llegado el momento.
Estar enamorado. Ese dulce sufrimiento.
Angustia, miedo, incertidumbre.
Un sentimiento nuevo. Muy nuevo, que solo nombrarlo asusta.
Pronto llegan más compañeros, con sus jolgorios. El disco de los iracundos da vuelta y vuelta con el tema del momento: “primavera…primavera… que los compañeros piden una y otra ves.
Vitina, la alegre del grupo entre cantos y risas, invita bailar al grupo. Muchos se prenden. Otros compañeros se reúnen en pequeños grupos de dos tres para tomar coraje y así invitar a bailar a las chicas de sus preferencias. Casi todos éramos debutantes.
Y entonces aparece ella, motivo de mi desvelo. De mi temor, incertidumbre, aprensión.
Cabellos sueltos color miel, zapatillas, minifalda y su cuerpo de niña adolecente.
Apenas llega, el gordo Quiñones la invita una limonada, que ella rechaza. Entonces la toma de la mano y la lleva casi arrastrando a bailar, pese a su débil protesta.
En mi ranser gira el tema felicidad por los Iracundos…
Pronto el gordo Quiñones queda exhausto y me remplaza en la discoteca. Y mi oportunidad de bailar con ella.
El susto me invade, me gana mientras ella se acerca decidida y toma algo del refresco de la garra de cristal.
Después me mira directamente a los ojos y me invita a bailar.
Ojos color marrón, color miel que baja todas mis defensas..
La seguí hasta el centro de la pista.
6,7 pasos que fueron las escaleras al cielo.
La abracé (casi con torpeza y temor, al comienzo); pero pronto ella me anima y comenzamos a bailar muy juntos.
La tibieza de su cuerpo y el calor de sus manos me transportan a otra dimensión, hasta borrar de la escena a mis compañeros.
Solo eran reales la música, ella… y el amor.
Luego el tierno abrazo y el beso fugaz, casi robado. Se constituyen en el primer peldaño de la escalera al cielo… o al infierno.
Por Rubén Guirland
Me vestí apurado. Quería llegar temprano al picnic que organizamos los compañeros del 2º curso. Para eso elegimos la casa del gordo Quiñones.
Una casa quinta, de amplio patio y arbolado que está un costado de la ciudad.
Yo era una pieza fundamental en la fiesta, debía llevar el “ranser”, mi tocadiscos portátil que funciona con 4 pilas.
Llegué a eso de las 3 y media. El día hacia gala del inicio de la estación. Nos iluminaba un sol radiante.
Primaveral, que apuraba a nuestras inocencias de juventud a experimentar nuevos sentimientos.
Más de media docena de compañeros ya estaban esperando mi llegada, para estrenar algunos simples.
Otilio Orué llega orgulloso con su long play del “trio galleta”, el surdo Centurión trajo un doble de Piero.
Una compañera consiguió uno de Juan Y Juan, otra trajo de Tormenta y yo llevé los iracundos (infaltable) , trocha angosta, rabito y otros.
A esta altura y en la emoción ya mi corazón aleteaba como una paloma asustada, en el vano intento de escapar de su jaula.
Mi angustia tenía un motivo: El amor
Cupido ha decidido que ha llegado el momento.
Estar enamorado. Ese dulce sufrimiento.
Angustia, miedo, incertidumbre.
Un sentimiento nuevo. Muy nuevo, que solo nombrarlo asusta.
Pronto llegan más compañeros, con sus jolgorios. El disco de los iracundos da vuelta y vuelta con el tema del momento: “primavera…primavera… que los compañeros piden una y otra ves.
Vitina, la alegre del grupo entre cantos y risas, invita bailar al grupo. Muchos se prenden. Otros compañeros se reúnen en pequeños grupos de dos tres para tomar coraje y así invitar a bailar a las chicas de sus preferencias. Casi todos éramos debutantes.
Y entonces aparece ella, motivo de mi desvelo. De mi temor, incertidumbre, aprensión.
Cabellos sueltos color miel, zapatillas, minifalda y su cuerpo de niña adolecente.
Apenas llega, el gordo Quiñones la invita una limonada, que ella rechaza. Entonces la toma de la mano y la lleva casi arrastrando a bailar, pese a su débil protesta.
En mi ranser gira el tema felicidad por los Iracundos…
Pronto el gordo Quiñones queda exhausto y me remplaza en la discoteca. Y mi oportunidad de bailar con ella.
El susto me invade, me gana mientras ella se acerca decidida y toma algo del refresco de la garra de cristal.
Después me mira directamente a los ojos y me invita a bailar.
Ojos color marrón, color miel que baja todas mis defensas..
La seguí hasta el centro de la pista.
6,7 pasos que fueron las escaleras al cielo.
La abracé (casi con torpeza y temor, al comienzo); pero pronto ella me anima y comenzamos a bailar muy juntos.
La tibieza de su cuerpo y el calor de sus manos me transportan a otra dimensión, hasta borrar de la escena a mis compañeros.
Solo eran reales la música, ella… y el amor.
Luego el tierno abrazo y el beso fugaz, casi robado. Se constituyen en el primer peldaño de la escalera al cielo… o al infierno.
lunes, 3 de diciembre de 2007

Graciela Bentancor: del Grupo Misioletras
OROPELES
Atada por el deber, un deber al fin no cumplido, estoy sentada frente al gran ventanal de una sala de estudio. No sé si está mi corazón dispuesto en esta noche, o es realmente bello lo que veo. Lo cierto es que es inútil el intento de avocarme de veras al estudio. Mis ojos se desvían una y otra vez hacia fuera, donde un coposo árbol acapara mi ciencia, y no puedo reprimir el deseo de mirarlo. Y al fin permito que su contemplación me llene de esos sentires intensamente dulces y familiarmente intensos que conozco tan bien.
No sé qué tiene.
Lo he mirado cien veces. Al azar, al descuido, porque domina toda mi ventana. Pero esta noche es otro, es distinto, es único.
Una luz que no quiero saber de dónde viene lo baña desde arriba, en la expandida copa, y va disminuyendo hacía abajo, donde el tronco se inclina levemente sobre el césped, como un ancla. Y sin embargo se mece, se mece tolerante y benigno con la brisa nocturna.
Y entonces, siento que me daña su imagen.
Porque parece un pino navideño.
……………………………………………………………………………………
Hay dos tipos de árboles que me parecen tristes: los pinos tan callados de los cementerios, y los pinos cargados de luces de las navidades.
Parece obvia la razón de los primeros. Y parece contradictoria la de los segundos. Bueno… estoy acostumbrada a contradecir lo obvio y a dar por sentado lo contradictorio, contra viento y marea. Pero esta desazón me está enlazando la garganta con finos cordones de angustia al parecer absurda.
Sí. Toda la familia está esperando que arme el arbolito. Pero este año pienso rebelarme. Porque yo pienso que toda la creación se iluminó de una luz que no tiene parangón en esta tierra cuando la natividad se produjo. Es curioso: hay gente corriendo comprando adornos, luces, brillos, pero no sabe qué quiere decir la palabra Navidad. Nacimiento. De la esperanza, que, justamente, me recuerda al “verde que te quiero verde” de Lorca. Yo siento esperanza cuando miro la naturaleza con sus propias joyas. Me entristezco cuando algún árbol se deshoja, pero inmediatamente me recupero, porque sé que volverá a dar su esplendor, volverá a nacer en la esperanza de la primavera. En cambio, los pinos navideños son arrancados de su sitio, o reemplazados por copias cada vez más idénticas,(tanto que se produce el raro hecho de que, al ver uno hermoso y natural en el apogeo de su belleza, digamos”¡Parece artificial!” y viceversa, con los que compramos en los bazares: “¡Parece de verdad!”), insertados sin raíces en algún recipiente, y revestidos de dorados, plateados, rojo sangre, filigranas, brillantinas, luces intermitentes y su vestido natural ni se verá. ¿Por qué? ¿Qué más luz, qué otro adorno que la luz de su verde? ¿Qué más joya perenne que su savia nutriente?
¡Chin- Chin!, ya conocemos la historia de los pinos navideños: En menos de un mes ya habrán desaparecido cintas, adornos, brillos y luces con música o sin ella, el lugar será despojado y el árbol confinado a algún placard si es de plástico o tirado en algún lugar donde no moleste y termine de morirse. Cuando el ajado oropel de las fiestas se desvanece, despojan al pobre pino de todas sus galas baratas, y queda triste, desnudo, deslucida la natural presea de su copa.
Entonces, me regocijo por el árbol de allá afuera. Siento una dulce alegría, porque no es un pino navideño, aunque mirarlo sea una fiesta. Allí estará cuando vuelva de mis vacaciones, aferrado a la tierra que lo nutre y dándole belleza, recordándonos que Dios existe, que puso todo su amor en la creación y que ésta resiste a pesar de los ataques demenciales de los hombres, y poniéndonos una vez más a la expectante espera del mañana, cargándonos de certera esperanza.
Salgo de lo profundo de mis pensamientos y miro otra vez el árbol, y, arriesgándome una vez más a ser observada y causar alarma, lo saludo y le mando un beso. Porque, como no es un pino navideño, nadie vendrá a despojarlo de sus adornos algún día.
Graciela Bentancor.
No sé qué tiene.
Lo he mirado cien veces. Al azar, al descuido, porque domina toda mi ventana. Pero esta noche es otro, es distinto, es único.
Una luz que no quiero saber de dónde viene lo baña desde arriba, en la expandida copa, y va disminuyendo hacía abajo, donde el tronco se inclina levemente sobre el césped, como un ancla. Y sin embargo se mece, se mece tolerante y benigno con la brisa nocturna.
Y entonces, siento que me daña su imagen.
Porque parece un pino navideño.
……………………………………………………………………………………
Hay dos tipos de árboles que me parecen tristes: los pinos tan callados de los cementerios, y los pinos cargados de luces de las navidades.
Parece obvia la razón de los primeros. Y parece contradictoria la de los segundos. Bueno… estoy acostumbrada a contradecir lo obvio y a dar por sentado lo contradictorio, contra viento y marea. Pero esta desazón me está enlazando la garganta con finos cordones de angustia al parecer absurda.
Sí. Toda la familia está esperando que arme el arbolito. Pero este año pienso rebelarme. Porque yo pienso que toda la creación se iluminó de una luz que no tiene parangón en esta tierra cuando la natividad se produjo. Es curioso: hay gente corriendo comprando adornos, luces, brillos, pero no sabe qué quiere decir la palabra Navidad. Nacimiento. De la esperanza, que, justamente, me recuerda al “verde que te quiero verde” de Lorca. Yo siento esperanza cuando miro la naturaleza con sus propias joyas. Me entristezco cuando algún árbol se deshoja, pero inmediatamente me recupero, porque sé que volverá a dar su esplendor, volverá a nacer en la esperanza de la primavera. En cambio, los pinos navideños son arrancados de su sitio, o reemplazados por copias cada vez más idénticas,(tanto que se produce el raro hecho de que, al ver uno hermoso y natural en el apogeo de su belleza, digamos”¡Parece artificial!” y viceversa, con los que compramos en los bazares: “¡Parece de verdad!”), insertados sin raíces en algún recipiente, y revestidos de dorados, plateados, rojo sangre, filigranas, brillantinas, luces intermitentes y su vestido natural ni se verá. ¿Por qué? ¿Qué más luz, qué otro adorno que la luz de su verde? ¿Qué más joya perenne que su savia nutriente?
¡Chin- Chin!, ya conocemos la historia de los pinos navideños: En menos de un mes ya habrán desaparecido cintas, adornos, brillos y luces con música o sin ella, el lugar será despojado y el árbol confinado a algún placard si es de plástico o tirado en algún lugar donde no moleste y termine de morirse. Cuando el ajado oropel de las fiestas se desvanece, despojan al pobre pino de todas sus galas baratas, y queda triste, desnudo, deslucida la natural presea de su copa.
Entonces, me regocijo por el árbol de allá afuera. Siento una dulce alegría, porque no es un pino navideño, aunque mirarlo sea una fiesta. Allí estará cuando vuelva de mis vacaciones, aferrado a la tierra que lo nutre y dándole belleza, recordándonos que Dios existe, que puso todo su amor en la creación y que ésta resiste a pesar de los ataques demenciales de los hombres, y poniéndonos una vez más a la expectante espera del mañana, cargándonos de certera esperanza.
Salgo de lo profundo de mis pensamientos y miro otra vez el árbol, y, arriesgándome una vez más a ser observada y causar alarma, lo saludo y le mando un beso. Porque, como no es un pino navideño, nadie vendrá a despojarlo de sus adornos algún día.
Graciela Bentancor.
sábado, 1 de diciembre de 2007
ENCUENTRO DEL ARTE POPULAR


Tercer Encuentro Federal de Arte Popular: día 29 y 30/11/2007.
Posadas Misiones.
Tematica: HISTORIA DE UN SAQUEO.
Participantes:
Hernan López Echague: periodista-escritor (Córdoba) “El otro”
Pedro Jorge Solans escritor periodista Libro “Crímenes en sangre”
Thedosio Andres Barrios. Escritor. “Miserere”
Olsvaldo Bayer: historiador, escritor. Cap Federal. “La Patagonia Rebelde”.
Gregrorio Segundo. Indio toba. Músico
Joselo Shuap: músico y organizador del encuentro.
Hernan López Echague.
Escritor periodista. Argentino, radicado desde hace 10 años en Nueva Palmira (Uruguay).
“en mi libro LA CRONICA DEL OCASO intento rescatar las miserias y saqueos de la gente del litoral. Hay que recuperar la memoria”.
Osvaldo Bayer: Historiador, periodista y escritor.
Su libro “los vengadores de la Patagonia rebelde” fue llevado al cine con el titulo “ LA PATAGONIA REVELDE”.
“Envidio este cielo y el verde paisaje” “quisiera escuchar el dulce lenguaje guaraní”. “Cuando hay un niño con hambre no hay democracia”-O. Bayer
Hernan López Echague: periodista-escritor (Córdoba) “El otro”
Pedro Jorge Solans escritor periodista Libro “Crímenes en sangre”
Thedosio Andres Barrios. Escritor. “Miserere”
Olsvaldo Bayer: historiador, escritor. Cap Federal. “La Patagonia Rebelde”.
Gregrorio Segundo. Indio toba. Músico
Joselo Shuap: músico y organizador del encuentro.
Hernan López Echague.
Escritor periodista. Argentino, radicado desde hace 10 años en Nueva Palmira (Uruguay).
“en mi libro LA CRONICA DEL OCASO intento rescatar las miserias y saqueos de la gente del litoral. Hay que recuperar la memoria”.
Osvaldo Bayer: Historiador, periodista y escritor.
Su libro “los vengadores de la Patagonia rebelde” fue llevado al cine con el titulo “ LA PATAGONIA REVELDE”.
“Envidio este cielo y el verde paisaje” “quisiera escuchar el dulce lenguaje guaraní”. “Cuando hay un niño con hambre no hay democracia”-O. Bayer
Fotos. 1-Ruben Guirland /Osvaldo Bayer.2.Ruben Guirland / Hernan L. Echague
jueves, 8 de noviembre de 2007
PUTA MADRE
POR RUBEN GUIRLAND
Domingo con aguacero. Lluvia de verano, sorpresiva, repentina, pasajera. De repente bajan todas juntas; un montón de gotas. Se precipitan como flechas de cristal, con ruido a estampidas.
Se estrellan contra el piso, para elevarse pronto, como coronas de cristal.
Y la lluvia se aleja ruidosa, casi ordenadamente, como si por magia volviera a treparse a la misma mancha negra de la que descendió
Se retira montada en una nube viajera, llorona, con forma de fantasma ondulante.
Abajo queda la tierra humeante, sedienta, hinchada y preñada.
Pero la nube indiferente se aleja, acompañada por su fiel sombra, que le sigue galopante, como un fugitivo rengo y lastimado.
Ya la lluvia no está.
Queda la tierra pegajosa, mancha, tinta sangre, Humedad que dibujas fugaces imágenes, espectros. Fantasmas que danzan con la briza, antes de ser aniquiladas por el calor
Rafael Morinigo Espinoza, sentado en el zaguán de su casa se calza su alpargata bigotuda.. Sultán, realiza su habitual ritual de girar y girar antes de decidir tumbarse en el suelo, a los pies. Posición que poco le duró, porque antes de que pueda deleitarse rascándose las pulgas y los piques, de un certero bastonazo lo ahuyenta Rafael.
Es el domingo en la chacra. Tranquilo. Demasiado tranquilo.
Gallinas que cacarean, pollitos, perros con pulgas, chanchos con piques…
Tranquilo. Demasiado, que aprieta y agobia el alma.
Es lo que piensa Rafael Morinigo mientras se acomoda en su silla y espera.
Solo espera.
Mira para el poniente, allí donde se pone. Allá donde, a menos de media legua un camino serpenteante (como una serpiente oscura), dibuja el asfalto de la ruta.
No queda lejos, hasta es posible escuchar el andar y el ronroneo de los camiones y colectivos.
De la cocina emana el humo gris y se escucha el crepitar de las maderas húmedas al quemarse.
Tranquilo…
Jacinta! ..calentame la pava . Se enfrió…
Jacinta-la doña- aparece de la nada, con su delantal rosado desteñido por el uso y el tiempo.
Sin mediar palabra, agarra la pava. De un costado de su boca emerge y descansa el eterno cigarro. Apagado como siempre.
Solo lo mastica, sirve para no ponerse nerviosa, calma la ansiedad. Aplaca la angustia, esconde…esconde todo.
Allá a los lejos se escucha el ruido de un camión. Llega atenuado, apaciguado por los ruidos de los arboles al mecerse con el viento, el cacarear de las gallinas y algunos ladridos de perros.
Todos conjuran y amortiguan el ruido: atentan al oído atento, juegan a la adivinanza con los sentidos. A la verdad y la mentira.
Ya casi mediodía.
El micro “El rápido del norte” ya debería estar llegando…o pasado.
La impaciencia y los minutos eternos...y el micro que no aparece
Como el domingo pasado. Ella no viene.
Es la espera en la chacra. Donde el tiempo se mide y se palpa diferente.
El cultivo, la lluvia, la seca, la hormiga, el granizo, la oruga…y esta ausencia; son las medidas del tiempo en la chacra.
Estará enferma. Sola en el hospital, eso puede ser. Se repite, en busca de alivio y explicación.
Un domingo de espera muy largo y el sol caliente que comienza a inclinarse en su despedida.
Rafael, decide bajar al pueblo antes que el sol caiga del todo.
A comprar kerosén y una camisa para la lámpara “petromax”. Y para aplacar su ansiedad.
Lleva en un bolso de arpillera queso y huevos caseros para cambiar con don Torivio el almacenero por provisiones.
Un trueque. Es lo acostumbrado. Por ahí, es posible que don Toribio le invite un trago, de cortesía. Como suele pasar, para el acortar el regreso.
-Pruebe esta caña blanca ante de retirarse; me trajeron del otro lado. La casa convida - fue la frase del almacenero.
-Haa…casi me olvido. El micro dejó esta encomienda para Ud. Agregó en tono de disculpa.
Y el retorno, por el mismo sendero, con el sol rojo y palpitante despidiéndose.
Dos leguas, las provisiones y el bulto.
La llegada a casa junto con la oscuridad, solo sultán sale a homenajear con sus ladridos el regreso.
-Traje todo. Y también una encomienda del colectivo.
Saluda con olor a alcohol. A caña barata.
Jacinta silenciosa intuye, mira la caja y presume lo peor.
El corazón se da vuelco. El pulso acelera a mil. Pero calla. Ningún gemido, ni lagrima. Solo mastica más fuerte el cigarro.
Una caja con ropa, frazada de lana, y una radio a pila.
Y dentro un sobre que contiene 200 pesos y una carta de letras temblorosas.
Mama: le mando con el colectivo estas cosas, y esta plata que un señor muy bueno me regaló.
Ahora me lleva a BS As, porque dice que allá voy a ganar mucha plata..
Estaba muy apurado y por eso no puedo ni despedirme de uds
Dice que soy muy linda, y que solo tengo que trabajar de noche.
Les quiero mucho, el señor dice que pronto no voy a poder volver.
A todos los voy a extrañar muchos
Tu hija Cristina.
Y llega la noche, al oscuridad que todo lo envuelve.
Pablito, el hijo de Cristina de apenas 2 años y medio ya está dormido. Es aún muy chiquito para comprender.
De la carta Rafael no entendió nada. O entendió todo.
Jacinta, no dijo nada, solo guardó silencio. Ningún gesto, solo mordió más fuerte el cigarro.
Ya la noche ganó en la chacra.
Para que Pablito duerma, olvide la ausencia y sueñe con la tibieza del abrazo de la madre.
Y en sueños corretee feliz con los ángeles
La noche será larga.
Pablito duerme.
Las pesadillas son para los grandes que no logran el sueño.
En la profundidad de la noche, el silencio solo es roto por un corto ladrido.
Después la nada, el vacio tan grande como la angustia.
Por esta ausencia, solo queda el consuelo de rezar y llorar
De repente, un largo aullido de sultán…
“dicen que los aullidos del perro anuncia desgracia”, ellos saben…
En repuesta, Jacinta apenas aumentó el cuchicheo de su apurado rezo: “santa maría…madre de Dios…
Rafael Morinigo Espìnoza no reza.
Puta madre...!!! Es el grito gutural que le explota del corazón.
Domingo con aguacero. Lluvia de verano, sorpresiva, repentina, pasajera. De repente bajan todas juntas; un montón de gotas. Se precipitan como flechas de cristal, con ruido a estampidas.
Se estrellan contra el piso, para elevarse pronto, como coronas de cristal.
Y la lluvia se aleja ruidosa, casi ordenadamente, como si por magia volviera a treparse a la misma mancha negra de la que descendió
Se retira montada en una nube viajera, llorona, con forma de fantasma ondulante.
Abajo queda la tierra humeante, sedienta, hinchada y preñada.
Pero la nube indiferente se aleja, acompañada por su fiel sombra, que le sigue galopante, como un fugitivo rengo y lastimado.
Ya la lluvia no está.
Queda la tierra pegajosa, mancha, tinta sangre, Humedad que dibujas fugaces imágenes, espectros. Fantasmas que danzan con la briza, antes de ser aniquiladas por el calor
Rafael Morinigo Espinoza, sentado en el zaguán de su casa se calza su alpargata bigotuda.. Sultán, realiza su habitual ritual de girar y girar antes de decidir tumbarse en el suelo, a los pies. Posición que poco le duró, porque antes de que pueda deleitarse rascándose las pulgas y los piques, de un certero bastonazo lo ahuyenta Rafael.
Es el domingo en la chacra. Tranquilo. Demasiado tranquilo.
Gallinas que cacarean, pollitos, perros con pulgas, chanchos con piques…
Tranquilo. Demasiado, que aprieta y agobia el alma.
Es lo que piensa Rafael Morinigo mientras se acomoda en su silla y espera.
Solo espera.
Mira para el poniente, allí donde se pone. Allá donde, a menos de media legua un camino serpenteante (como una serpiente oscura), dibuja el asfalto de la ruta.
No queda lejos, hasta es posible escuchar el andar y el ronroneo de los camiones y colectivos.
De la cocina emana el humo gris y se escucha el crepitar de las maderas húmedas al quemarse.
Tranquilo…
Jacinta! ..calentame la pava . Se enfrió…
Jacinta-la doña- aparece de la nada, con su delantal rosado desteñido por el uso y el tiempo.
Sin mediar palabra, agarra la pava. De un costado de su boca emerge y descansa el eterno cigarro. Apagado como siempre.
Solo lo mastica, sirve para no ponerse nerviosa, calma la ansiedad. Aplaca la angustia, esconde…esconde todo.
Allá a los lejos se escucha el ruido de un camión. Llega atenuado, apaciguado por los ruidos de los arboles al mecerse con el viento, el cacarear de las gallinas y algunos ladridos de perros.
Todos conjuran y amortiguan el ruido: atentan al oído atento, juegan a la adivinanza con los sentidos. A la verdad y la mentira.
Ya casi mediodía.
El micro “El rápido del norte” ya debería estar llegando…o pasado.
La impaciencia y los minutos eternos...y el micro que no aparece
Como el domingo pasado. Ella no viene.
Es la espera en la chacra. Donde el tiempo se mide y se palpa diferente.
El cultivo, la lluvia, la seca, la hormiga, el granizo, la oruga…y esta ausencia; son las medidas del tiempo en la chacra.
Estará enferma. Sola en el hospital, eso puede ser. Se repite, en busca de alivio y explicación.
Un domingo de espera muy largo y el sol caliente que comienza a inclinarse en su despedida.
Rafael, decide bajar al pueblo antes que el sol caiga del todo.
A comprar kerosén y una camisa para la lámpara “petromax”. Y para aplacar su ansiedad.
Lleva en un bolso de arpillera queso y huevos caseros para cambiar con don Torivio el almacenero por provisiones.
Un trueque. Es lo acostumbrado. Por ahí, es posible que don Toribio le invite un trago, de cortesía. Como suele pasar, para el acortar el regreso.
-Pruebe esta caña blanca ante de retirarse; me trajeron del otro lado. La casa convida - fue la frase del almacenero.
-Haa…casi me olvido. El micro dejó esta encomienda para Ud. Agregó en tono de disculpa.
Y el retorno, por el mismo sendero, con el sol rojo y palpitante despidiéndose.
Dos leguas, las provisiones y el bulto.
La llegada a casa junto con la oscuridad, solo sultán sale a homenajear con sus ladridos el regreso.
-Traje todo. Y también una encomienda del colectivo.
Saluda con olor a alcohol. A caña barata.
Jacinta silenciosa intuye, mira la caja y presume lo peor.
El corazón se da vuelco. El pulso acelera a mil. Pero calla. Ningún gemido, ni lagrima. Solo mastica más fuerte el cigarro.
Una caja con ropa, frazada de lana, y una radio a pila.
Y dentro un sobre que contiene 200 pesos y una carta de letras temblorosas.
Mama: le mando con el colectivo estas cosas, y esta plata que un señor muy bueno me regaló.
Ahora me lleva a BS As, porque dice que allá voy a ganar mucha plata..
Estaba muy apurado y por eso no puedo ni despedirme de uds
Dice que soy muy linda, y que solo tengo que trabajar de noche.
Les quiero mucho, el señor dice que pronto no voy a poder volver.
A todos los voy a extrañar muchos
Tu hija Cristina.
Y llega la noche, al oscuridad que todo lo envuelve.
Pablito, el hijo de Cristina de apenas 2 años y medio ya está dormido. Es aún muy chiquito para comprender.
De la carta Rafael no entendió nada. O entendió todo.
Jacinta, no dijo nada, solo guardó silencio. Ningún gesto, solo mordió más fuerte el cigarro.
Ya la noche ganó en la chacra.
Para que Pablito duerma, olvide la ausencia y sueñe con la tibieza del abrazo de la madre.
Y en sueños corretee feliz con los ángeles
La noche será larga.
Pablito duerme.
Las pesadillas son para los grandes que no logran el sueño.
En la profundidad de la noche, el silencio solo es roto por un corto ladrido.
Después la nada, el vacio tan grande como la angustia.
Por esta ausencia, solo queda el consuelo de rezar y llorar
De repente, un largo aullido de sultán…
“dicen que los aullidos del perro anuncia desgracia”, ellos saben…
En repuesta, Jacinta apenas aumentó el cuchicheo de su apurado rezo: “santa maría…madre de Dios…
Rafael Morinigo Espìnoza no reza.
Puta madre...!!! Es el grito gutural que le explota del corazón.
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